No importa dónde trabajes. Puede ser en una oficina, un comercio, un hospital, una escuela, una fábrica, un restaurante o en tu propio negocio. También puede ser desde tu casa, atendiendo clientes, manejando un vehículo o sirviendo a otras personas cada día.
Muchas veces pensamos que sólo servimos a Dios cuando estamos en la iglesia o participamos de una actividad ministerial. Sin embargo, gran parte de tu semana transcurre en el trabajo, y ese también es un lugar donde puedes vivir tu fe.
Cada conversación con un compañero, cada reunión, cada cliente y cada tarea son oportunidades para reflejar el amor, la integridad y el carácter de Cristo.
No se trata del cargo que ocupas ni del lugar donde trabajas. Lo que realmente marca la diferencia es la actitud con la que haces tu trabajo. Cuando entiendes que tu trabajo también es una forma de servir a Dios y a los demás, las tareas cotidianas toman un nuevo significado.
La Biblia nos anima a hacer todo de corazón, como para el Señor y no para las personas. Eso transforma la manera en que trabajas: dejas de buscar solamente resultados personales para comenzar a buscar excelencia, servicio, honestidad y amor en todo lo que haces.
Tu trabajo puede convertirse en un espacio donde otros conozcan a Jesús, no sólo por lo que dices, sino también por cómo actuas, cómo tratas a las personas y cómo enfrentas los desafíos.
Porque, al final, la pregunta no es cuál es tu trabajo.
La pregunta es:
¿Estás viviendo tu fe también en tu trabajo?



